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La Sierra de la Laguna, un bosque en medio del desierto

Raymundo León Verde          

Para quienes gustan de caminar, escalar montañas o acampar en medio del verdor de los bosques, en Baja California Sur no hay mejor lugar que la Sierra de la Laguna. Este sitio se localiza en la parte sur de la península, aproximadamente a 100 kilómetros de la ciudad de La Paz. 

Siempre serán emocionantes las excursiones a la Sierra de la Laguna, donde los visitantes podrán poner a prueba su resistencia, pero sobre todo, tendrán la oportunidad de conocer plantas y animales únicos en México. 

La Sierra de la Laguna es un área natural protegida por decreto como Reserva de la Biósfera desde el 5 de junio de 1994 y se ubica en la zona conocida por los geólogos como Región del Cabo, la cual está compuesta por un conjunto de serranías entre las que destacan la Sierra de la Victoria, Sierra de San Lorenzo y Sierra de San Lázaro. 

La Reserva abarca parte de los municipios de La Paz y de Los Cabos, con una extensión de 112,437 hectáreas y una altura máxima de 2,200 metros sobre el nivel del mar. Su clima, en contraste con el que prevalece en el resto del estado, es templado, con una temperatura media anual de 18 grados y una precipitación pluvial promedio anual de 600 milímetros en las zonas más altas de la Sierra. Su importancia radica en la gran cantidad de agua que concentra, de manera que es la principal fuente de recarga de los mantos acuíferos del sur de la península. 

Además tiene una enorme riqueza biológica, por lo cual es considerada como una isla verde rodeada por el desierto, La Sierra de la Laguna alberga extensas comunidades de pinos­, encinos, así como también varias especies de reptiles, anfibios y aves, como el pájaro carpintero, palomas, águilas, halcones y tecolotes. En cuanto a los mamíferos sirve de hábitat a mapaches, venados bura, murciélagos, liebres, conejos, coyotes, gatos del monte y zorrillos.

 La Sierra de la Laguna es uno de esos sitios que los amantes de la naturaleza deben conocer. De hecho, en los últimos años el número de personas que la visitan se ha incrementado en forma notable. La parte más concurrida es un valle localizado a 1,800 metros sobre el nivel del mar, el cual tiene una extensión de 350 hectáreas donde fácilmente se puede acampar.  

Aunque existen varios caminos para alcanzar esa zona, el más común de todos es el lugar conocido como La Burrera, cerca del pintoresco poblado de Todos Santos. Los turistas tendrán que caminar alrededor de 8 horas por una sinuosa brecha que los conduce hasta el valle, donde corren pequeños arroyos durante todo el año. Una vez ahí el visitante se asombrará con la elevación montañosa llamada El Picacho, que representa un reto para los más atrevidos. 

" La Sierra de la Laguna está esperando recibirlo con la única advertencia de que no la dañe "

Fuente: Revista Turística “Entre Mares” (1996) 

Viggé Biaundó, Santuario de San Francisco Javier                                               Jorge Amao Manríquez

Según el decir de muchos sudcalifornianos. San Francisco Javier es el santo más venerado y milagroso de Baja California Sur. Su santuario se localiza en las estribaciones de la Sierra de La Giganta, antigua frontera entre los indios guaycuras y cochimíes. Este santuario se ubica en una de las misiones que originalmente fue construida para catequizar a los indios californios. Como es sabido, la institución misional fue en gran parte del Norte de México una de las instancias mediante la cual se trató de sedentarizar a los grupos indígenas cuya característica principal era la de ser portadores de una cultura nómada, de cazadores, recolectores y pescadores. En lo general, los indios californios hacían su vida buscando sus alimentos en los montes o las orillas de los mares de la península.

 

En el caso de Baja California Sur la institución misional fue la única que en un principio aseguró al Rey de España una presencia real de su soberanía sobre esas tierras. Sin embargo, paradójicamente, cuando los templos fueron terminados ya no había indios que evangelizar, pues la mayoría de ellos ya habían muerto víctimas de las epidemias que los diezmaron a lo largo del siglo XVIII, al grado de que ya para el siglo XIX prácticamente habían desaparecido de todas las misiones del sur de la península.

Los indios californios resistieron de diferentes maneras a los cambios que en su modo de vivir procuraron introducir los misioneros.  Por lo común se alejaban de los establecimientos misionales remontándose a sus antiguos lugares. La expresión más radical de la resistencia indígena ocurrió en las misiones del extremo sur de la península el año de 1734, cuando varias rancherías pericúes y guaycuras asaltaron las misiones de Santiago y San José del Cabo. Los indios californios mataron en esas dos misiones a los padres Lorenzo Carranco y Nicolás Tamaral, así como a todos los soldados y sirvientes que los acompañaban. 

La primera Misión de Baja California Sur fue la de Loreto, fundada en 1697 por el padre Juan María de Salvatierra. Poco tiempo después, en 1699, el padre Francisco María Piccolo fundó la Misión de San Francisco Javier, en un paraje conocido por los indígenas como Viggé Biaundó que se localizaba a las orillas de las cabezas del Arroyo de Santo Domingo. Aunque las misiones de Baja California Sur siempre fueron deficitarias, la Misión de San Javier contó con mayores recursos debido principalmente a los manantiales que existen en aquel lugar. 

Cuando una Misión era fundada, por lo general se escogía un lugar con tierra fértil, pero sobre todo con el agua necesaria para producir algunos granos y frutas como maíz, trigo, olivos, vid, mangos, naranjos, palmas datileras, etc. También se procuraba que hubiera pastos suficientes para la cría de ganado vacuno y caballar. Fue así como se originó la Misión de San Javier, la cual quedó formalmente fundada el 11 de mayo de 1699. El lugar donde inicialmente se construyó la Misión fue abandonado al año siguiente debido a la hostilidad de los indígenas. Sin embargo, en 1701, la Misión fue restablecida en el sitio actual por el padre Juan Ugalde. 

La construcción de la Iglesia de la Misión de San Javier data de la primera mitad del siglo XVIII. Fue iniciada en 1744 por el padre Miguel del Barco quien la terminó en 1759. De todas las iglesias misionales de Baja California Sur, la de San Javier es la mejor conservada. El conjunto lo forman el atrio, el templo (todo de piedra), la sacristía, habitaciones anexas y el camposanto.  La planta arquitectónica forma una cruz latina. A doscientos metros de la Iglesia, por donde inicia la calle, se encuentra un humilladero formado por sillares de piedra que dan base a una cruz del mismo material.

La Iglesia de San Javier tiene un retablo, en el altar mayor, formado por tres cuerpos o niveles. Al centro del primer nivel se localiza una escultura en madera de San Francisco Javier, la cual está custodiada por dos pinturas: una representa a Moisés y otra a Jesucristo. En el segundo y tercer nivel destacan por su buena factura las representaciones de la Virgen María, Jesucristo y el Arcángel Gabriel. El Santuario de San Javier también cuenta con dos retablos laterales: el altar de Dolores y el de San Ignacio. El primero está incompleto, le faltan cinco pinturas que según la tradición oral fueron sustraídas a finales de la década de los veinte. Los tres retablos son de estilo Barroco y aún están cubiertos con el laminado original de oro. Fueron enviados desde la ciudad de México en 32 cajas de madera. Su traslado de hizo por la ruta marítima de la Misión de San Blas-Loreto, y después a lomo de bestia por las laderas rocosas de la Sierra de La Giganta. 

La Misión de San Javier es ahora uno de los sitios de mayor interés histórico de la península. Las características originales con las que se ha conservado el templo, así como su entorno más inmediato, muestran al viajero la magnitud de la obra jesuística en tierras californianas. Parte de esa obra también se puede apreciar en el peregrinar de los devotos que cada año llegan de diferentes lugares a dar gracias a San Javier por los milagros realizados. Desde una semana antes del tres de diciembre, día en que se festeja al santo, las banquetas de tierra de la única calle del pueblo se llenan de puestos de fritangas y vendedores de mercancías. Es esos días de fiesta, los apenas ciento cuarenta y dos habitantes de San Javier, rompen su monotonía y se preparan a recibir a los peregrinos, limpian el santo, quitan el polvo, barren la Iglesia y riegan la calle.

Desde el día dos en la noche se inicia en el templo la velación de San Francisco Javier. Ahí mismo se turnan los conjuntos de música ranchera que tocan desde corridos revolucionarios y de carreras de caballos, hasta cumbias y melodías románticas. La Iglesia se llena de flores, se ilumina con velas el altar mayor y los laterales. Se entonan rezos y cantos religiosos conocidos como “Gozos a San Francisco Javier”. A las doce de la noche se cantan las mañanitas y se continúan los “Gozos”, mientras que afuera en un salón cercano, el pueblo baila y canta hasta bien entrada la madrugada. A las cinco de la mañana del día tres se inicia la primera misa, siguen los bautizos y confirmaciones. Más tarde, a las doce del día, los hombres, ayudados por las mujeres del pueblo, bajan al santo y lo colocan al pie de su altar. Poco después se inicia una procesión a lo largo y ancho de la única calle del pueblo. Acompañan al santo los peregrinos y un grupo de danzantes descendientes de operarios yaquis que trabajaron en la compañía minera de “El Boleo” en Santa Rosalía. Al final de la procesión, se coloca al santo en su sitio original, se reza un rosario, se continúa el baile, los cantos, los rezos y los gozos terrenales. Esa misma noche se efectúa un rosario para todos los peregrinos. Mientras, afuera, la fiesta popular continúa toda la noche. El día cuatro en la mañana se efectúa una misa de despedida para los peregrinos. Todos se desean buen viaje en el retorno a sus lugares de origen. Hacen promesas para regresar el próximo año a pagar el milagro de la lluvia, de la sanación de los enfermos, de los frutos que da la tierra, en fin, de las plegarias escuchadas.

Al otro día, San Javier vuelve a la normalidad. El pueblo queda vacío y en la calle no se ve a nadie. Ha pasado un aniversario más, el aire mece los olivos centenarios que plantaron los misioneros y los últimos californios.

Fuente: Revista Turística “Entre Mares” (1996)

La Paz, es tu casa

Fuente: H. XIV Ayuntamiento de La Paz, BCS, México

El Hongo de Balandra                        Elino Villanueva

El "Hongo" de Balandra es una formación rocosa milenaria que constituye un símbolo turístico del puerto de La Paz. Conformada por elementos naturales como el agua de mar y el viento, la singular roca es el atractivo de turistas para la habitual foto del recuerdo. Suman cientos los visitantes que cada verano acuden a Balandra para posar junto al "Hongo". Es uno de los puntos más apacibles de la Bahía de La Paz, donde se puede disfrutar de sus tranquilas playas.

Pero, ¿sabía usted que el famoso "Hongo" está en pie por segunda ocasión? Durante casi ocho años la roca permaneció tirada. Se habla de jóvenes que intentaron poner a prueba su resistencia, subieron a la parte superior y brincaron sobre ella, provocando la ruptura de su frágil base. Pasaron los años y el "Hongo" de Balandra permaneció derrumbado.

En 1993, las autoridades municipales de La Paz aprobaron un sencillo proyecto para llevar a cabo su restauración, mediante la aplicación de técnicas que pudieran resistir la acción del mar y del viento. Al proyecto del arquitecto Gonzalo Teurell, se sumó la voluntad de cooperación del empresario canadiense Roberto Gain Jr., quien visitó Balandra por primera vez en 1972 y quedó prendado de la belleza del monumento.

Gain residió en La Paz durante algún tiempo junto con su madre, Dorothy Dewar Cliff, quien también se había enamorado del "Hongo" de Balandra. Antes de morir, en 1992, como última voluntad, le sugirió a su hijo que apoyara la restauración de la piedra, y el empresario canadiense ofreció su cooperación de manera desinteresada.

Así, en agosto de 1993, el Ayuntamiento de La Paz inició los trabajos que estuvieron a cargo del arquitecto Javier Hurtado. Fue necesario laborar intensamente durante los periodos de bajamar y se invirtieron tres mil 580 horas­ hombre. Los trabajadores excavaron una fosa de un metro y medio de profundidad en la base de la roca, colocaron una estructura de 155 kilos de acero armado y de concreto, y en enero de 1994 el "Hongo" de Balandra se encontró nuevamente de pie.

Según los responsables de la restauración, los materiales utilizados y la aplicación de impermeabilizantes y anticorrosivos garantizan que el "Hongo" de Balandra estará de pie al menos durante los próximos 30 años.

Al finalizar las obras de restauración, y en reconocimiento a la obra altruista y desinteresada de Bob Gain, las autoridades colocaron en la base del monumento una placa con el nombre de la señora Dorothy Dewar Cliff. Bob Gain, quien alguna vez recorrió la Península como corredor de la Off Road “Baja 1000”, ha dicho que La Paz tiene recursos para convertirse en uno de los más importantes destinos turísticos del país, por su tranquilidad, la hospitalidad de sus habitantes y las bellezas naturales que ofrece. 

Fuente: Revista Turística “Entre Mares” (1996) 

Excelente Promo de Baja California Sur


10 Lugares que debes visitar en La Paz, BCS.

Bahía de la Santa Cruz, fue el nombre con que el mismísimo Conquistador Español Hernán Cortés bautizó esta región en el año de 1535, pero fue hasta 1720, con el arribo de la fuerza evangelizadora de las legiones Jesuitas, que se formaría un asentamiento humano definitivo, hoy conocido como La Paz.

* Malecón

El Malecón Álvaro Obregón es una de las áreas donde se concentra la vida social, turística y comercial de la ciudad. Espectacularmente remodelado, en él se ubican los mejores restaurantes, comercios, centros nocturnos, bares y tiendas especializadas. Se presta para relajantes paseos nocturnos o románticas caminatas con espectaculares atardeceres de vista al mar.
 
Recientemente ha tenido una remodelación a fondo, y en realidad ha quedado muy bien; está más iluminado, las áreas de banquetas son más amplias, y se ve que más gente sale a caminar en él... Aunque lo que extraño del anterior, era que el agua del mar llegaba hasta la banqueta... en su lugar, ahora pusieron una playa... pero ya acostumbrándose, se ve bien.

Dentro de lo más atractivo en esta área, está la explanada del malecón, y el Kiosco. Ahora que está más amplio, mucha gente va allí a pasear, o a tomar una nieve, o sólo a caminar. En esta zona también está el muelle turístico, que también está muy bien arreglado. Lo que más luce en esta parte, son los atardeceres... Este muelle se extiende algo así como 50 metros sobre el agua, así que al estar en la punta, no hay nada que estorbe para ver la puesta de sol.

* El Muelle Turístico

El muelle turístico, se encuentra en la explanada del malecón. Anteriormente, se utilizaba para el arribo de naves de pequeño calado, e incluso hay una placa donde recuerda que por aquí desembarcó la reina Isabel II de Gran Bretaña, junto con el Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo, en una visita oficial a México en 1983.

Este lugar es visitado por muchas personas, frecuentemente después de media tarde, ya que el calor comienza a bajar un poco. Casi todos vienen a pasear, a observar el panorama, o simplemente a disfrutar de la brisa.

Aunque también ocasionalmente, algunas personas vienen a pescar, o a nadar inclusive.

También, dentro de la zona de la calzada, existen algunas esculturas que fueron colocadas con la remodelación.

* El Muelle Fiscal

El muelle Fiscal antiguamente se utilizaba para recibir los barcos con mercancías, tanto del interior del país como de importación. A la entrada, se encuentra la torre del vigía, que servía para dar aviso cuando dichos barcos arribaban. 

El nombre de fiscal se refiere a que prácticamente enfrente del muelle, está el edificio de Hacienda (SHCP), donde anteriormente se hacía el trámite de la importación de la mercancía. Ahora casi todo llega por el puerto de Pichilingue. 

En todo caso, los barcos que arriban a este puerto son en su mayoría turíscos, y algunos de las fuerzas armadas.

No obstante, también este muelle fue arreglado para ser una zona de descanso y un atractivo para los visitantes, así como para las personas que viven aquí.

* Jardín Velasco 

 
Tradicional espacio de referencia y concentración social, donde se respira un aire a hospitalidad local. Es una hermosa área verde con floridos jardines, adornada con bancas, kiosco y su característica fuente Hongo de Balandra. Este hermoso espacio está rodeado de edificios de típica arquitectura local.

Este parque sigue el diseño colonial usado en muchas de las ciudades, con la plaza principal, enfrente la Catedral de Nuestra Señora de La Paz, y a espaldas, la Plaza de Gobierno. Sin embargo, el palacio gobierno actualmente ya no está ahí. El local pasó a ser la Biblioteca de Las Californias, y ahora es la sede del Instituto de la Juventud.

* Catedral de Nuestra Señora de La Paz  

 
Esta joya arquitectónica ocupa el espacio donde los Jesuitas Juan de Ugarte y Bravo, levantaron la Misión de Nuestra Señora de La Paz Airapí, en 1720. Su majestuosa construcción fue concluida en 1861 y es una obra excepcionalmente bella. 

Está ubicada en el centro de la ciudad, en la intersección entre la calle Revolución de 1910 y 5 de Mayo calle, en frente del Jardín Velazco. Sus dos torres fueron erigidas respectivamente en 1910 y 1920. Su fachada es sencilla y en su interior se puede admirar una réplica del sagrario de la Basílica de San Pedro en Roma así como hermosos retablos que datan del siglo XVIII. 

* Museo Regional de Antropología e Historia
 

Moderno centro cultural que en tres salas permanentes exhibe una rica muestra de cultura local. Con piezas diversas que dan identidad a los peninsulares y cuentan la travesía histórica de la región. Destaca la presentación de un entierro perteneciente a la antigua cultura llamada de Las Palmas, y en el recinto también se cuenta con un jardín etnobotánico anexo y áreas donde se imparten programas culturales y actividades educativas de gran variedad y atractivo.

* Serpentario

Parque ecológico que conserva y exhibe una de las más grandes colecciones de reptiles en México y que han diseñado hábitats según la región, cuenta con más de 150 especies, algunas endémicas.
 
En este lugar, cuyas instalaciones se encuentran prácticamente al aire libre, se pueden observar muchas de las especies de reptiles que habitan este ecosistema, como serpientes, tortugas, iguanas, lagartijas, asÌ como habitantes de otras regiones de la República, los cuales incluyen también cocodrilos. La finalidad del Serpentario de La Paz es contar con un lugar en donde se pueda conocer y crear conciencia sobre la belleza de estos animales, así como su importancia en el sistema y el respeto que merecen y necesitan en la naturaleza.
 
 
 
* Mural de Wyland

Ubicado sobre el callejón de Cabezud y a unos cuantos metros del malecón costero, el Mural de Wyland es una representación del mundo marino, donde desfilan las cientos de especies que habitan el Mar de Cortés. 

Nacido en Detroit, Michigan. Wyland ha plasmado su arte monumental en importantes ciudades de México, Estados Unidos, Canadá, Japón, Australia y Nueva Zelanda, mostrando las bellezas y la vida que guardan los océanos.

 

* El Molinito

El molinito es un lugar en las afueras, prácticamente, de la Ciudad de La Paz. A partir de ese punto, empieza la carretera a Pichilingue y a la mayoría de las playas de la ciudad.

Este lugar actualmente es un monumento dedicado al agua, tan escasa en nuestro estado por ser ésta una zona semidesértica.

La forma de un molino, es una evocación de los tiempos de antaño, cuando esta era conocida como la "Ciudad de los Molinos", debido a la cantidad de ellos esparcidos por toda la ciudad, que constituían la única forma de obtener agua oculta en el subsuelo, ya que nuestro Estado carece de corrientes de aguas superficiales.

Son muchas las personas que utilizan el malecón para correr o ejercitarse de varias formas, y toman este punto como el final del recorrido, o si viven por la zona, como el principio, ya que está bastante retirado del centro.

Este es un bello lugar, y debido a su lejanía, casi siempre es tranquilo... Invita a la reflexión, y los atardeceres en este sitio ofrecen una de las mejores vistas, sin nada que los obstruya. 

Las Pinturas Rupestres: Misterio y Aventura en la Sierra de San Francisco

 
Publio Octavio Romero
Fotos: Fermín Reygada 
 
Los viajeros que llegan por primera vez a Baja California Sur, de inmediato se sienten cautivados por el encanto de sus mares y desiertos, sus misiones y oasis, sus pueblitos serranos y sus viejas ciudades. Los caprichos del tiempo han ido esparciendo un halo de misterio en estas tierras, desde que Hernán Cortés llegó a la bahía de La paz en 1535, para luego abandonarla inexplicablemente.
 
Si el viajero se deja llevar por la curiosidad, seguramente encaminará sus pasos hacia el norte, por la carretera transpeninsular, hasta llegar a Mulegé. Pregunte ahí a los lugareños por las cuevas pintadas de San Borjitas; ellos le dirán que las pinturas se encuentran en el corazón de la Sierra de Guadalupe y que para subir tendrá que hacerlo a pie, o bien, a lomo de mula que ellos mismos se encargarán de proporcionarle.
 
No se desanime. Déjese guiar por alguno de los nativos, cabalgará algunas horas por los senderos escabrosos de la sierra y, entonces, se dará cuenta que su viaje habrá valido la pena porque ahí "se halla una de las más importantes de las doscientas cuevas pintadas quese conocen en Baja California."
Desde que fueron descubiertas en el siglo XVIII, las pinturas rupestres no han dejado de asombrar a quienes han tenido el privilegio de contemplarlas. Por su majestuosidad, por la desmesura de las figuras de hombres y animales, y por la composición espacial, la imaginación no ha logrado todavía develar la identidad de estos misteriosos artistas. ¿Quiénes pudieron pintar esos enormes frescos que se despliegan sobre bóvedas situadas a cinco y hasta diez metros desde el nivel del suelo?

En su Historia natural y crónica de la antigua California, Miguel del Barco recogió el testimonio del padre Joseph Rothea, quien argumenta acerca de la existencia de gigantes en las inmediaciones de la Sierra de San Francisco:

"Los fundamentos que, probablemente persuaden hubo gigantes en la California, se reducen a tres. Primero, los huesos que en varias partes se encuentran. Segundo, las cuevas pintadas, lo tercero, la voz común de los ancianos."

He aquí la descripción que el padre Rothea hace de una de las cuevas: "Pasé después a registrar varias cuevas pintadas; pero sólo hablaré de una, por ser la más especial. Esta tendría de largo como diez o doce varas, y de hondo unas seis varas: abierta de suerte que toda era puerta por un lado. Su altura (según me acuerdo), pasaba de seis varas ... De arriba hasta abajo toda estaba pintada con varias figuras de hombres, mujeres y animales. Los hombres tenían un cotón con mangas:. sobre éste un gabán, y sus calzones; pero descalzos. Tenían las manos abiertas y algo levantadas en cruz. Entre las mujeres estaba una con el cabello suelto, su plumaje en la cabeza, y el vestido de las mexicanas, llamado "güipil".

"Las de los animales representaban ya a los conocidos en el país, como venados, liebres, etcétera, ya otros allí incógnitos, como un lobo y un puerco. Los colores eran los mismos que se hallan en los volcanes de las Vírgenes, verde, negro, amarillo y encamado. Se me hizo notable en ellos su consistencia; pues estando sobre la desnuda peña a las inclemencias del sol y agua, que sin duda los golpea al llover, con viento recio, o la que destilan por las mismas peñas de lo alto del cerro, con todo eso, después de tanto tiempo, se conservan bien perceptibles."

Incrédulo, Miguel del Barco no deja de consignar, sin embargo, que "dicen los de aquella tierra que los gigantes eran tan grandes que, cuando pintaban el cielo raso de la cueva, estaban tendidos de espaldas en el suelo de ella y que aun así alcanzaban apintar lo más alto.

Si después de leer lo anterior el viajero quiere saciar su curiosidad, no se desanime. Imite a Rufino Tamayo, quien en 1981 caminó una hora" entre púas de chollas y garambuyos, cardones y biznagas ... con singular resistencia" hasta la cueva pintada de San Borjita. Le aseguramos que experimentará la misma emoción que sintió nuestro gran pintor mexicano.

Fuente: Revista Turística “Entre Mares” (1996) 

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