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Las fallas del proceso electoral

Posted by Ejecutivos BCS on 23 Ee julio Ee 2012 a las 22:40

Por Raymundo León Verde

 

Tras los resultados de las elecciones del primero de julio han quedado al descubierto aciertos y errores de la democracia mexicana. A diferencia del 2006 cuando la polémica giró alrededor del conteo de votos derivado de la cerrada diferencia entre el primero y el segundo lugar en la competencia presidencial, hoy la discusión está centrada en el proceso electoral.

Tres millones de votos de distancia entre el candidato priísta Enrique Peña Nieto y el candidato del Movimiento Progresista Andrés Manuel López Obrador no dejan lugar a la discusión, sobre todo después del reconteo de votos que demostró que el sistema implementado por el Instituto Federal Electoral (IFE) tuvo un pequeño margen de error y por lo tanto se puede catalogar como confiable.

Ese es un mérito que no se le puede regatear al IFE ni desconocer a la movilización post electoral de hace seis años que provocó una reforma legal que al menos en este rubro cumplió con su cometido. No obstante, un buen conteo de votos no hace una democracia.

Los procesos electorales en México, no sólo el federal, son injustos e inequitativos, pues hay poco control sobre las campañas electorales, lo que no sólo da ventajas a los partidos políticos y candidatos que tienen más recursos económicos, sino también a aquellos que pueden establecer componendas con grupos de poder de facto que operan legal o ilegalmente en el país.

La intervención de muchos medios de comunicación a favor del candidato priísta a la Presidencia Enrique Peña Nieto, en especial de Televisa, fue descarada, lo que terminó por influir en un gran sector del electorado que es susceptible de manipulación debido a su escasa preparación.

Así como en el 2000 una aceitada estrategia de mercadotecnia logró posicionar entre los mexicanos la figura de Vicente Fox, poniendo fin a una larguísima cadena de sucesiones priístas, cosa que no pudieron hacer las ideologías de ultraderecha ni de izquierda, en el 2012 Televisa construyó un personaje de telenovela en torno a la figura de Enrique Peña Nieto. Un ex gobernador bien parecido, casado con la actriz Angélica Rivera, al que un día sí y otro también se le exaltaban sus cualidades.

La causa de este maridaje entre EPN y Televisa, según el periódico inglés The Guardian se encuentra en un contrato millonario, mientras que otras versiones se inclinan por un compromiso de mantener cerrado el negocio de la televisión abierta, sobre todo para el magnate Carlos Slim, de quien se dice tras sus desencuentros con Televisa y el gobierno de Calderón terminó apoyando la campaña de Andrés Manuel López Obrador.

No se puede minimizar, ignorar ni mucho menos justificar la intención de la principal televisora de América Latina de influir en el electorado mexicano para imponer a un candidato porque aunque la ley no lo prohíbe no es justo ni ético y por supuesto no contribuye a la democracia. De no hacer algo al respecto, se corre el riesgo de elegir personajes incapaces de dirigir al país, que respondan a intereses alejados del bienestar común (más de lo que ya sucede), y encaminen a la nación hacia la inestabilidad y el desorden.

En este contexto cobra importancia la sorpresiva irrupción del movimiento juvenil Yosoy132 en el escenario electoral que ha puesto sobre la palestra el tema de la democratización de los medios, que no es un asunto menor ni imposible de abordar bajo el pretexto de proteger la libertad de expresión.

Si bien es cierto que no se pueden evitar las preferencias políticas de los medios y de los periodistas, también lo es que como servidores públicos de facto tienen una responsabilidad social que en un régimen democrático debe estar encauzada a los equilibrios de lo que se informa.

Más aún, es antidemocrático impedir la apertura de nuevas estaciones de radio y televisión abierta para fomentar la competencia en los medios de comunicación electrónicos, así como concentrar los presupuestos de comunicación de las oficinas públicas en unos cuantos medios.

Hoy el internet y las redes sociales se han constituido en un contrapeso de los medios de comunicación convencionales al permear entre un importante sector de la población información que estos se niegan a publicar o lo hacen de manera parcial o tergiversada.

Sin embargo, todavía son más los mexicanos que no tienen acceso a una computadora y mucho menos al internet, de ahí la necesidad de que los medios, obligados por el mercado o la autoridad mediante leyes específicas, democraticen sus contenidos incluso aumentando los espacios de información educativa y cultural para romper esa lamentable relación entre la ignorancia y la manipulación.

Otro elemento distinguible en las campañas fueron las encuestas, instrumentos de medición interna para identificar fortalezas y debilidades que en los últimos tiempos se volvieron públicos convirtiéndose en herramientas de propaganda, cómplices de la manipulación mediática.

Aunque las principales encuestadoras del país atinaron al virtual ganador de las elecciones, lo hicieron con un notable margen de error, algunas hasta de 10 puntos, lo que pone en evidencia no una equivocación metodológica, sino una componenda entre encuestadoras y medios para inducir el voto.

La credibilidad de las encuestadoras está por los suelos, por lo que el electorado seguramente será más cauto en futuros procesos, pero eso no impide que se les pongan candados para evitar que junto con las televisoras y otros medios engañen a los ciudadanos.

Empero, el elemento más cuestionable en el periodo de campañas y en la jornada electoral tiene que ver con la compra del voto o la promesa de este a cambio de dádivas: despensas, artículos electrodomésticos, monederos electrónicos y dinero en efectivo.

Los procesos electorales en México están contaminados con diversas prácticas de corrupción en las que participan los partidos y candidatos, pero también muchos ciudadanos.

Derivado de la pobreza, falta de empleo y educación, amplios sectores de la población no dudan en entregar su voto a cambio de cosas que les pueden mitigar al menos por un día su situación.

Los partidos y candidatos se convierten así en “cazadores” de adeptos pobres, invirtiendo cantidades millonarias con la tolerancia de la autoridad electoral dotada con una inoperante Fiscalía Especializada en Delitos Electorales, incapaz de poner alto a infracciones en el transcurso del proceso.

Y qué decir del órgano de fiscalización de los gastos de campaña, sin recursos ni facultades para auditar en tiempo real los gastos de los candidatos ni muchos menos para identificar las fuentes de financiamiento.

Sólo estos tres elementos: la intervención de los medios, las encuestas y la compra de votos, justifican la necesidad de llevar a cabo una nueva reforma electoral en México, que de una vez por todas brinde la oportunidad de elegir gobernantes legales y legítimos, que sea cual sea el ganador en las urnas tenga el reconocimiento de todos para dar el siguiente paso en la búsqueda del progreso del país.

Categorías: Ejecutivos BCS Julio 2012

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