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MINA LOS CARDONES PONE EN RIESGO LA SIERRA DE LA LAGUNA: EXEQUIEL EZCURRA

Posted by Ejecutivos BCS on 4 Ee noviembre Ee 2012 a las 13:00

La MIA presenta deficiencias extremas y no reúne los requisitos básicos necesarios como para que pueda considerarse para el proceso de impacto ambiental.

 

Por Raymundo León Verde

 

El presidente del Consejo Nacional de Áreas Naturales Protegidas de México, Exequiel Ezcurra, pidió al titular de la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental (DGIRA) de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), Alfonso Flores Ramírez, que la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) del proyecto minero “Los Cardones” sea rechazado por el riesgo que representa para la Reserva de la Biosfera Sierra de La Laguna.

Al hacerle saber su opinión sobre la MIA del proyecto “Los Cardones” (Código del Trámite 09/DL-0438/09/12; Número de Proyecto 03BS2012M0005; NRA: DZA2K0901661), que fue ingresado a la DGIRA el pasado 5 de septiembre en el marco de la consulta pública abierta por la SEMARNAT, dijo que después de una lectura detallada del documento, llegó a la conclusión que el mismo presenta deficiencias extremas y no reúne los requisitos básicos necesarios como para que pueda considerarse para el proceso de impacto ambiental.

Expresó que de manera general, tanto el proyecto “Los Cardones” como su MIA tienen una similitud muy grande con los documentos del ahora extinto proyecto “Paredones Amarillos/Mina Concordia”, que fue denegado por la DGIRA en años pasados.

Expresó que en su opinión hay cuatro aspectos que deberían ser suficientes para no otorgar la autorización solicitada.

Primero, el riesgo geológico y geo-hidrológico del proyecto es elevado. La MIA repite a lo largo del documento que en el área de explotación no existen riesgos geo‐hidrológicos y que el proyecto se realizará en una zona tectónicamente estable en la cual no existen fallas geológicas activas.

La abundante información científica disponible, sin embargo, así como las cartas geológicas oficiales, describen precisamente a esta misma área como una zona en la que existen fallas geológicas importantes que podrían poner en riesgo la seguridad estructural e hídrica del proyecto.

Segundo, el riesgo de eventos climáticos extraordinarios es muy elevado y el diseño de la presa de jales no es suficientemente robusto como para prevenir un desborde.

Basada en un modelo gráfico que extrapola la distribución de Weibull de eventos extremos, la empresa ha determinado un límite de seguridad de 330 milímetros de lluvia como el umbral máximo esperable en un periodo de 100 años. Según este método, la probabilidad acumulativa de falla de la presa de jales con su carga letal de cianuro sería, en 10 años, del 10 por ciento. Una probabilidad de una catástrofe trágica demasiado elevada para cualquier instalación industrial con residuos peligrosos.

Y, por encima de ello, este riesgo es un valor subestimado, porque no toma en cuenta la incidencia creciente de anomalías atmosféricas que está induciendo el cambio climático global, ni tampoco considera los posibles errores de la estimación gráfica a la probabilidad de Weibull. Si tomamos esos aspectos en cuenta, la probabilidad acumulativa de fallas en la presa de jales como producto de eventos meteorológicos anómalos es cercana al 20 por ciento, un umbral de riesgo inaceptablemente alto para una región que depende tan críticamente de acuíferos sanos y libres de contaminación.

Tercero, el impacto regional del sistema de abasto de agua dulce no ha sido incorporado a la MIA.

Según los propios datos de la empresa, el consumo anual de energía por parte de este sistema de abasto de agua será de 30 millones de KW‐hora de electricidad, o expresando el costo último en términos de combustibles fósiles, unos 5 millones de litros de combustóleo. Esta demanda representa el consumo energético de unos 6,000 a 10,000 hogares en esta región, y el abasto de esta cantidad de energía obligará al sistema local de electricidad prácticamente a duplicar la infraestructura local.

La planta desaladora deberá disponer cada año de unas 88,000 toneladas de sal producto de la desalación, que serán arrojadas al Océano Pacífico en forma de salmueras.

El incremento en el consumo eléctrico representará que las plantas de generación de la región aumenten su consumo de combustóleo con una emisión anual adicional de unas 8,000 toneladas de CO2 , un valor que contradice los compromisos internacionales que ha asumido México en la reducción de emisiones. Es, finalmente, lamentable e inaceptable que en el Apéndice 5 al Capítulo II de la MIA, titulado “Emisiones a la Atmósfera”, no se discuta ninguna de estas fuentes de emisión, las cuales, de autorizarse el proyecto, serían sin duda la causa principal de emisiones a la atmósfera.

Cuarto, la restauración del sitio después del cierre de la mina no está garantizada.

Dado que el proyecto “Los Cardones” se pretende realizar dentro de la Reserva de la Biosfera Sierra de La Laguna, la restauración final del sitio es de vital importancia. Lamentablemente, el programa de restauración ecológica al cierre de la mina está plagado de errores e inexactitudes. Su listado de especies está repleto de datos erróneos, en el mejor de los casos; o deliberadamente falsos, en el peor. De su lectura se desprende el total desconocimiento que la empresa proponente tiene de los desafíos de la restauración ambiental en zonas áridas, y queda claro que el programa propuesto no tiene el más mínimo viso de realismo, ni posibilidad alguna de éxito.

De manera inexplicable, la información presentada en la MIA para el programa de cierre de mina ha sido desarrollada sin siquiera consultar los buenos estudios de vegetación que presenta la propia MIA.

El estudio incumple con las normas de restauración ecológica establecidas en el Reglamento de Áreas Naturales Protegidas de la LGEEPA, así como con lo establecido en la Norma Oficial Mexicana NOM‐141‐SEMARNAT‐2003 en lo relativo a la post-operación de presas de jales.

Exequiel Ezcurra enfatizó que la MIA del proyecto “Los Cardones” no reúne los requisitos básicos que demanda el Reglamento de la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente en materia de Evaluación del Impacto Ambiental, en el sentido de que los resultados se hayan obtenido a través de la aplicación de las mejores técnicas y metodologías comúnmente utilizadas por la comunidad científica del país y del uso de la mayor información disponible.

En su artículo 35, sección V, la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente establece que la Secretaría podrá “negar la autorización solicitada, cuando se contravenga lo establecido en esta Ley, sus reglamentos, las normas oficiales mexicanas y demás disposiciones aplicables;” o cuando “exista falsedad en la información proporcionada por los promoventes, respecto de los impactos ambientales de la obra o actividad de que se trate.”

En ese sentido, indicó que las omisiones técnicas que la MIA presenta, así como el cúmulo de datos incorrectos o falsos en los aspectos de restauración ecológica del sitio, son elementos suficientes para negar su autorización.

El investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, advirtió que de aprobarse el proyecto “Los Cardones, al final de los 10 años de su operación se habrán extraído unos 173 millones de toneladas de roca del tajo de la mina, 135 millones de los cuales habrán sido depositados como residuos en las grandes tepetateras del proyecto, y 38 millones habrán sido acumulados en las presas de jales en forma de sedimentos mineros saturados de solución de cianuro.

Durante ese tiempo, el proyecto habrá extraído por medio del proceso de desalinización unos 20 millones de metros cúbicos de agua de la costa, habrá provocado fuertes intrusiones salinas al acuífero costero, y habrá arrojado al mar unas 600 mil toneladas de sales residuales contenidas en unos 2 millones de metros cúbicos de salmueras.

En esos diez años el proyecto habrá consumido unos 300 millones de kilowatts‐hora de la red eléctrica local, y habrá emitido unas 150,000 toneladas de CO2 a la atmósfera generados por el consumo de unos 100 millones de litros de combustibles fósiles.

Finalmente, el proyecto habrá generado, durante esa década, sólo unas 200 plazas laborales para la región.

Las reservas probadas del proyecto, según la empresa, son unas 270,000 onzas Troy (cerca de 8,400 kg), y existe una cantidad adicional (las “reservas probables”, cuyo valor podría llegar al millón de onzas) que resta aún por determinar con exactitud (la propia empresa admite en la MIA que “los recursos minerales inferidos son considerados geológicamente especulativos y no se utilizan en la economía del proyecto”;).

En otras palabras, dijo que para extraer la cantidad de oro contenida en un Centenario, que contiene 1.2 onzas Troy (31.1 gramos) se requerirán 132 toneladas de roca —el volumen transportado por 10 camiones materialistas estándar— removida del tajo y depositadas sobre las tepetateras y los jales.

El procesamiento de 24 toneladas de tierra lixiviadas con solución de cianuro altamente tóxica.

La liberación al ambiente de unos 30 kilogramos de sales de cianuro que ponen potencialmente en riesgo la calidad del agua cuenca abajo.

El consumo de 100 mil litros de agua dulce, suficientes para proporcionar agua a cerca de 200 familias por un día.

El consumo de 1,300 KW‐h de electricidad, suficientes para abastecer de energía eléctrica a cerca de 20‐30 familias por un día.

El consumo de unos 450 litros de combustibles fósiles (diesel y combustóleo) para mantener el abasto de agua y mover el equipo y el proceso en la mina.

La disposición al mar de 3,200 kg de sales residuales provenientes del proceso de desalación, y la emisión de unos 650 kg de CO2 a la atmósfera, junto con otros gases de efecto invernadero, como SO2 y NOx.

A cambio de esta impresionante numeralia de impactos negativos sobre el ambiente, la extracción de cada Centenario de Oro generará solamente unas “2magras” 18 horas‐hombre de salarios en la región, es decir, el salario de una persona durante dos días y medio.

El ecólogo aclaró que en lo personal no se cuenta entre los enemigos de la minería, porque el progreso industrial de México necesita insumos mineros, y todos los que viven en ciudades modernas consumen de manera directa o indirecta recursos de esta actividad, “pero tenemos también el derecho a aspirar a una minería sustentable, a proyectos mineros que respeten el medio ambiente”.

Puntualizó que la minería sustentable no debería poner en riesgo los recursos naturales de los cuales vive una región, ni aceptar como inevitables riesgos que pueden ser fatalmente trágicos para el resto de la población, ni dañar irreversiblemente áreas naturales protegidas que han sido seleccionadas por su importancia para la nación; ni poner en riesgo otras actividades económicas de las cuales vive y se sustenta en el largo plazo el desarrollo regional y la economía de las comunidades locales.

No debería, agregó, poner en entredicho las metas nacionales de reducción de emisiones, ni la determinación de México como nación a favor del desarrollo de una economía ambientalmente limpia y sustentable.

Por el contrario, la minería sustentable debería tener un análisis de riesgo riguroso, basado en el principio precautorio y con probabilidades de catástrofes realmente mínimas, casi nulas; tener planes rigurosos, demostrados, y verificables de restauración ecológica del sitio; debería poder trabajar con las comunidades locales, ser socialmente responsable, y aportar de manera seria al desarrollo regional; y tener siempre presente el respeto básico y fundamental al patrimonio natural de la nación, a los derechos de las poblaciones locales, y al derecho de las generaciones futuras de recibir de nuestra generación un ambiente sano, limpio, y productivo.

Categorías: Ejecutivos BCS Octubre 2012

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