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�MIEDO, TE ASUSTA CAMBIAR?

Posted by Ejecutivos BCS on 8 Ee abril Ee 2013 a las 17:35

Por Ricardo Mancilla Rangel

 

Es increíble el miedo que produce cambiar. Claro, nos educaron con el criterio de que la estabilidad era sinónimo de madurez, de equilibrio. Quien cambia es “inestable”, inmaduro, todavía no ha crecido, porque el ideal de vida, para la sociedad, es un mundo quieto. Vivir en el mismo barrio, habitar la misma casa, permanecer en el mismo colegio, tener la misma pareja, “durar” en el mismo trabajo, escoger carrera “para toda la vida”, amarrarse a la misma ciudad y al mismo país, todos sinónimos de estabilidad.

¿Y qué podemos decir de las ideas o de las creencias? Hay que tener los mismos valores, los mismos criterios, la misma mentalidad. Atreverse a innovar es como una “locura” y es más importante permanecer que arriesgar. Porque en general nuestra sociedad valora lo estático, que “no produce desorden”, antes de romper esquemas y arriesgarse a que la vida pueda ser o sea diferente.

El criterio más elemental para cambiar, el más simple si se quiere, es que lo que hemos vivido, lo que hemos estudiado, lo que nos ha acompañado, donde hemos permanecido, no nos ha producido ni la paz ni la armonía esperadas. Es por esto que muchas personas se lamentan, por ejemplo, por la “pérdida” de valores o por la “pérdida de la familia”... Entonces, en la deducción más simplista, “volver” con la familia tradicional ahora sí dará estabilidad. ¿Quién dijo o afirmó esto? ¿Por qué creer que lo que no sirvió (o es que cree que el mundo va bien), hasta ahora, va a empezar a dar resultados?

¿No sería mejor buscar otra clase de alternativas que al menos nos permitan crear otra clase de circunstancias más humanas, de menos apariencia y de mayor contenido y aceptación de la diferencia? Esto es el cambio, y claro está, también el miedo al cambio.

¿Qué podemos escoger?. ¿Arriesgarse o permanecer? Y he ahí las alternativas; con la aclaración de que muchas de las cosas que esperamos afuera no se encuentran “afuera”. Porque en más de una situación, el cambio exterior no produce los resultados que anhelamos porque los problemas no son tan sólo geográficos, o de ambiente, o de la persona que nos acompaña, o de la ciudad o del país en el que habitamos.

Es uno el que debe cambiar y arriesgarse, manejando internamente la flexibilidad para no apegarse a algo; para fluir, para atreverse... Es el famoso equilibrio, ¡cambiar pero no desbordarse! Cambiar pero no precipitarse o indigestarse queriendo asumirlo todo a la vez.

Ningún cambio duradero es rápido o instantáneo; los cambios necesitan cocción. En ellos no hay horno microondas, sino fogón de leña.

Si bien esta afirmación es impactante, es así de gráfica: "Lo que permanece quieto es porque está muerto". Con lo que, lo único que no acepta cambio es la muerte. Hay personas “muertas” en vida que no se atreven a cambiar ni siquiera la ruta hacia el trabajo, ni lo que comen, ni se arriesgan a vestirse diferente, a mover los muebles de la casa, o a pasar un fin de semana de otra manera. Por eso cuando no se acepta, la resistencia al cambio se convierte en enfermedad. Es sorprendente cómo los seres humanos dicen tanto de su personalidad a través de su necesidad o resistencia a los cambios.

A las buenas o a las malas, ¡el mundo se mueve y el cambio no consulta!... ¡Simplemente se da! Porque, o me subo al carrito del cambio o el cambio me atropella.

En todo es necesario el equilibrio, equilibrio entre ser alegre y no extrovertido en sentido negativo.

Ser sincero y no herir, firme en las ideas y no arrogante, humilde y no sumiso, rápido y no impreciso, despreocupado y no descuidado, amoroso y no apegado, pacífico y no pasivo, disciplinado y no rígido, obediente y no ciego, comunicativo y no exagerado, moldeable y no tonto. En todo es necesario el cambio pero con equilibrio.

Hoy por hoy hemos vivido el cambio de PRI, que no se amedrentó con la derrota de hace 12 años, que supo superar su estatus de perdedor y moderar su actitud, con inteligencia, valor y madurez, supo asimilar su realidad y como oposición inteligente, con tenacidad, inició un cambio desde sus raíces que ahora ha entregado frutos y se hace notar en los primeros 100 días de gobierno de Enrique Peña Nieto. Han demostrando que supieron subirse al carro del cambio antes de que los atropellara, cambiar con disciplina, orden y organización, dejando de lado actitudes del pasado, cambiando, arriesgando, ganando y avanzando como gobierno y como partido logrando el equilibrio necesario para un cambio positivo. Es muy temprano para valorar cambios estructurales de fondo, ya en su momento lo comentaré.

Contrariamente el PAN, no tuvo deseos de cambiar y quienes tuvieron ese deseo de cambiar, se fueron de ese instituto o se deshicieron de ellos, gente valiosa de buenos principios de buena voluntad y mucha antigüedad y los resultados están a la vista, perdieron todo lo ganado, se han vuelto sectarios, con soberbia y poca inteligencia se deshicieron de grandes valores convirtiendo a la institución política en una organización sin relevancia, en un club de amigos y familiares con la única mira de aprovechar los sueldos como modo cómodo de vida, sin los cambios que exige el país y el contexto mundial, con ex presidentes sin apego a sus principios, gobernadores prestados por la oposición sin la mística que alguna vez los distinguió y como alternativa de consolación o única posibilidad de triunfo y de “gobernar”, con legisladores impuestos por el gobernador en turno sin más atributo que ser sus amigos, cometiendo el error de antaño de tratar de gobernar con buenos amigos no con buenos mexicanos resintiéndose a cambiar, CON MIEDO A CAMBIAR, un partido secuestrado por oportunistas que no se atreven a cambiar, que permitieron que el cambio los atropellara a ellos, perdieron el equilibrio necesario para poder cambiar.

De la izquierda poco tintero será necesario consumir, demostró ser un tigre de papel que se consume con una chispa quedando en la nada política, en la nada social y la nada histórica. No tuvieron voluntad de cambiar y permanecen apostando a la negatividad, el enfrentamiento, el engaño y la incidía y los mexicanos han madurado en ese sentido y ya no compran especulaciones ni se dejan manipular por falsos apóstoles autodenominados nobles salvadores. Con un triunfo en el centro del país ganado por la figura (que no es miembro de la izquierda) no por el partido.

A la izquierda no le gusta cambiar y prefiere vivir en su propia historia e insistir en su gastado discurso con los mismos actores de antaño, sin renovarse, sin dar oportunidad a nuevos valores, es una izquierda desgastada, desprestigiada, sin credibilidad de poder de cambio. Sin el más mínimo equilibrio que necesariamente se exige para poder cambiar.

Usted está conciente de la necesidad de CAMBIAR, está dispuesto a ayudar a su país cambiando, quiere ser parte integral del cambio, lo invito a reflexionar, lo invito a CAMBIAR.

Categorías: Ejecutivos BCS Marzo 2013

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