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“LA HEMODIALISIS, UN CONSUELO PARA SOBREVIVIR”

Posted by Ejecutivos BCS on 9 Ee mayo Ee 2013 a las 11:45

Por Gladys Rodríguez Navarro

 

Ángel Hernández y Antonio Molina se conocieron en la unidad médica estatal de La Paz que atiende a enfermos con insuficiencia renal crónica. Comparten historias similares, al menos, en el viacrucis para la atención de su enfermedad.

Antonio Molina llegó hace 25 años al estado, procedente de Sinaloa. De oficio pescador, se asentó en el municipio de Comondú, en Puerto San Carlos, unos 300 kilómetros al norte de la capital del estado, donde formó su familia. Hace siete años su vida cambió al conocer el diagnóstico de insuficiencia renal.

Para su atención, tuvo que dejar a sus tres hijos y trasladarse a La Paz donde se concentran los médicos y equipos para hemodiálisis, únicamente 11 máquinas para al menos 50 pacientes sin seguridad social que requieren atención cada tercer día.

Y es que sin seguridad social y ante la falta de cobertura de la enfermedad por parte del seguro popular todo se volvió más complicado, comenta Antonio, que ha recorrido hospitales desde los 33.

“A través del Hospital (General del estado) me empecé a tratar pero todo lo teníamos que pagar porque el Seguro popular no cubre la enfermedad, nada, ni un laboratorio, ni placas”.

Por temporadas, según los trabajos de su mujer, Antonio recibió atención en el hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social, con sede en La Paz, donde apenas tienen 10 máquinas para todos los derechohabientes, y ahora busca los servicios del ISSSTE.

“Uno le tiene que buscar como sea, anda solicitando apoyos con todo mundo, en trabajo social, con algún diputado, pero te ponen muchas trabas, a veces ni te creen”.

En ese ir y venir, llegó al albergue de asistencia social del estado, que atiende a enfermos y familiares de escasos recursos que deben abandonar sus localidades para la atención en la capital del estado. Comenzó a vivir allí al poco tiempo de que se le diagnosticó la enfermedad.

Luego comenzó su búsqueda por una vivienda.

“La enfermedad nos cambió la vida, afortunadamente hoy me siento bien, yo me hago las diálisis en mi cuarto en el albergue y vengo a la hemodiálisis cada mes. Pero de todas formas no hay dinero que alcance, menos si no puedo trabajar ni para mandarle a mis hijos”, comenta.


Difícil panorama

Ángel inició su tratamiento hace casi dos años. Escucha la historia de Antonio y asienta cada vez que aquel refiere alguna parte de su recorrido. Está pasando por lo mismo. Originario de Acayucan, Veracruz, a sus 28 años trabajando ya en el puerto turístico de Cabo San Lucas fue diagnosticado con insuficiencia renal.

“Yo me tuve que venir de allá hace año y medio porque nomás aquí te atienden. Allá no tienen nada. A todos los mandan pa’ca”, refiere.

La Secretaría de Salud del estado dispone únicamente de 11 máquinas para hemodiálisis en la entidad, todas concentradas en La Paz. Ninguna en los servicios de salud de Los Cabos, excepto el IMSS que cuenta con seis para una población que crece aceleradamente, debido a la actividad turística.

“Allá no podían atenderme, por eso me vine acá a buscar. Y dónde quedarme también, porque está muy caro pa’ estar yendo y viniendo”.

Un viaje en autobús le implica gastar casi 400 pesos cada tercer día. Por ello buscó que lo recibieran en el albergue, donde comparte la misma experiencia con Antonio.

Ángel se ayuda elaborando collares y aretes para vender y poder reunir para sus análisis.

“Como el seguro no cubre nada, aquí mínimo si te mandan a hacer un análisis son 700 pesos y luego como no trabajamos, se nos hace feo ir y decirle a la familia que también están con pocos recursos”, expresa.


Hemodiálisis: un consuelo

María Beatriz Calderón, originaria de La Paz, no tiene que trasladarse de otro municipio para la atención, pero conoce bien de las dificultades que enfrentan cuando no se tienen recursos. Hace cinco años que padece la enfermedad.

“Esta enfermedad sale muy cara. Más para nosotros que no tenemos seguro, apenas a mí me inscribió mi hija que consiguió trabajo hace un año. Antes pagábamos muchísimo, como podíamos, 100 pesos cada vez que me tocaba hemodiálisis”.

Tichi, como le gusta que le digan, a los 62 años entiende que su enfermedad es consecuencia de la diabetes que le detectaron, y se dice resignada a “sobrevivir” lo que dios le permita.

“Esto no es un alivio para uno, uno no se va a aliviar, esto es algo para que soportes. La hemodiálisis es como un consuelo para uno que quiere sobrevivir. Yo así lo veo. Pero para conseguirlo cuesta mucho… de todo”.

Categorías: Ejecutivos BCS Abril 2013

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