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�Y EL CELULAR APA?

Posted by Ejecutivos BCS on 16 Ee agosto Ee 2013 a las 11:40

Por Ricardo Mancilla Rangel

(El aprendiz de escritor)

 

Anoche le contaba a mi NIETA un cuento infantil muy famoso, el de Hansel y Gretel de los hermanos Grimm. En el momento más tenebroso de la aventura, los niños descubren que unos pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan, un sistema muy simple que los hermanitos habían ideado para regresar a casa. Hansel y Gretel se descubren solos en el bosque, perdidos, y comienza a anochecer.

Mi hija me dice, justo en ese punto de clímax narrativo: 'No importa. Que llamen al papá por el celular'. Me dejó con la boca abierta.

Entonces pensé, por primera vez, que mi nieta no tiene una noción de la vida ajena a la telefonía inalámbrica. Y al mismo tiempo descubrí qué espantosa resultaría la literatura -toda ella, en general- si el teléfono móvil hubiera existido siempre, como cree mi hija de cuatro años.

Cuántos clásicos habrían perdido su nudo dramático, cuántas tramas hubieran muerto antes de nacer, y sobre todo qué fácil se habrían solucionado los intríngulis más célebres de las grandes historias de ficción.

Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica, en cualquiera que se le ocurra. Desde la Odisea hasta Pinocho, pasando por El viejo y el mar, Macbeth, El hombre de la esquina rosada o La familia de Pascual Duarte. No importa si el argumento es elevado o popular, no importa la época ni la geografía.

Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica que conozca al dedillo, con introducción, con nudo y con desenlace. ¿Ya está?

Muy bien. Ahora ponga un celular en el bolsillo del protagonista. No un viejo aparato negro empotrado en una pared, sino un teléfono como los que existen hoy: con cobertura, con conexión a correo electrónico y chat, con saldo para enviar mensajes de texto y con la posibilidad de realizar llamadas internacionales por el mismo precio.

¿Qué pasa con la historia elegida?

¿Funciona la trama como una seda, ahora que los personajes pueden llamarse desde cualquier sitio, ahora que tienen la opción de chatear, generar videoconferencias y enviarse mensajes de texto?. ¿Verdad que no funciona un carajo?.

La Niña, sin darse cuenta, me abrió anoche la puerta a una teoría espeluznante: La telefonía inalámbrica va a hacer añicos las viejas historias que narremos, las convertirá en anécdotas tecnológicas de calidad menor.

Con un teléfono en las manos, por ejemplo, Penélope ya no espera con incertidumbre a que el guerrero Ulises regrese del combate.

Con un móvil en la canasta, Caperucita alerta a la abuela a tiempo y la llegada del leñador no es necesaria.

Con telefonito, el Coronel sí tiene quién le escriba algún mensaje, aunque fuese spam.

Y Tom Sawyer no se pierde en el Mississippi, gracias al servicio de localización de personas de Telefónica.

Y el chanchito de la casa de madera le avisa a su hermano que el lobo está yendo para allí.

Y Gepetto recibe una alerta de la escuela, avisando que Pinocho no llegó por la mañana.

Un enorme porcentaje de las historias escritas (o cantadas, o representadas) en los veinte siglos que anteceden al actual, han tenido como principal fuente de conflicto la distancia, el desencuentro y la incomunicación.

Han podido existir gracias a la ausencia de telefonía móvil.

Ninguna historia de amor, por ejemplo, habría sido trágica o complicada, si los amantes esquivos hubieran tenido un teléfono en el bolsillo de la camisa.

La historia romántica por excelencia (Romeo y Julieta, de Shakespeare) basa toda su tensión dramática final en una incomunicación fortuita: la amante finge un suicidio, el enamorado la cree muerta y se mata, y entonces ella, al despertar, se suicida de verdad.

(Perdón por el espoiler).

Si Julieta hubiese tenido teléfono móvil, le habría escrito un mensajito de texto a Romeo en el capítulo seis:

M HGO LA MUERTA,

PRO NO TOY MUERTA.

NO T PRCUPES NI HGAS IDIOTCS.

BSOS.

Y todo el grandísimo problemón dramático de los capítulos siguientes se habría evaporado. Las últimas cuarenta páginas de la obra no tendrían caso, no se hubieran escrito nunca, si en la Verona del siglo catorce hubiera existido la promoción 'Banda ancha móvil' de Movistar.

Muchas obras importantes, además, habrían tenido que cambiar su nombre por otros más adecuados.

La tecnología, por ejemplo, habría desterrado por completo la soledad en Aracataca y entonces la novela de García Márquez se llamaría 'Cien años sin conexión': narraría las aventuras de una familia en donde todos tienen el mismo nick (buendia23, a.buendia, aureliano_goodmornig) pero a nadie le funciona el Messenger.

La famosa novela de James M. Cain -'El cartero llama dos veces'- escrita en 1934 y llevada más tarde al cine, se llamaría 'El gmail me duplica los correos entrantes' y versaría sobre un marido cornudo que descubre (leyendo el historial de chat de su esposa) el romance de la joven adúltera con un forastero de malvivir.

Samuel Beckett habría tenido que cambiar el nombre de su famosa tragicomedia en dos actos por un título más acorde a los avances técnicos.

Por ejemplo, 'Godot tiene el teléfono apagado o está fuera del área de cobertura', la historia de dos hombres que esperan, en un páramo, la llegada de un tercero que no aparece nunca o que se quedó sin saldo.

En la obra 'El jotapegé de Dorian Grey', Oscar Wilde contaría la historia de un joven que se mantiene siempre lozano y sin arrugas, en virtud a un pacto con Adobe Photoshop, mientras que en la carpeta Images de su teléfono una foto de su rostro se pixela sin remedio, paulatinamente, hasta perder definición.

La bruja del clásico Blanca nieves no consultaría todas las noches al espejo sobre 'quién es la mujer más bella del mundo', porque el costo por llamada del oráculo sería de 4,90 la conexión y 0,60 el minuto; se contentaría con preguntarlo una o dos veces al mes.

Y al final se cansaría.

También nosotros nos cansaríamos, nos aburriríamos, con estas historias de solución automática. Todas las intrigas, los secretos y los destiempos de la literatura (los grandes obstáculos que siempre generaron las grandes tramas) fracasarían en la era de la telefonía móvil y del wifi

Todo ese maravilloso cine romántico en el que, al final, el muchacho corre como loco por la ciudad, a contra reloj, porque su amada está a punto de tomar un avión, se soluciona hoy con un SMS de cuantas “palabras”. BB. NO T VYAS, TQM.

Ya no hay ese apuro cursi, ese remordimiento, aquella explicación que nunca llega; no hay que detener a los aviones ni cruzar los mares.

No hay que dejar bolitas de pan en el bosque para recordar el camino de regreso a casa.

La telefonía inalámbrica -vino a decirme anoche mi nieta, sin querer- nos va a entorpecer las historias que contemos de ahora en adelante. Las hará más tristes, menos sosegadas, mucho más predecibles.

Y me pregunto, ¿no estará acaso ocurriendo lo mismo con la vida real, no estaremos privándonos de aventuras novelescas por culpa de la conexión permanente?

¿Alguno de nosotros, alguna vez, correrá desesperado al aeropuerto para decirle a la mujer que ama que no suba a ese avión, que la vida es aquí y ahora?

No. Le enviaremos un mensaje de texto lastimoso, un mensaje breve desde el sofá.

Cuatro líneas con mayúsculas. Quizá le haremos una llamada perdida, y cruzaremos los dedos para que ella, la mujer amada, no tenga su telefonito en modo vibrador.

¿Para qué hacer el esfuerzo de vivir al borde de la aventura, si algo siempre nos va a interrumpir la incertidumbre? Una llamada a tiempo, un mensaje binario, una alarma.

Nuestro cielo ya está infectado de señales y secretos: cuidado que el duque está yendo allí para matarte, ojo que la manzana está envenenada, si le das un beso a la muchacha se despierta y te ama. Papá, ven a buscarnos que unos pájaros se han comido las migas de pan.

Nuestras tramas están perdiendo el brillo -las escritas, las vividas, incluso las imaginadas, porque nos hemos convertido en héroes perezosos.

Finalmente debemos reconocer que nos estamos despersonalizando y deshumanizando, en el supermercado cuando no encuentras a tu pareja en lugar de recorrer el área para ver físicamente donde se encuentra NOOO, tomas el celular y le marcas y al contestar y cuestionar donde se encuentra ¿? te contesta, “aquí tras de, ti te estoy viendo” parecerá ridículo pero así es, ya no queremos movernos nos es más cómodo llamar por el celular que mover nuestro cuerpo con el consecuente resultado, más gasto económico, menos ejercicio, más achaques menos salud.

En las fechas conmemorativas, cumpleaños, aniversarios, navidad , año nuevo ya no enviamos una tarjeta postal con una imagen bonita y un mensaje escrito de puño y letra, no eso es anticuado, ahora escribimos un mensaje y lo enviamos, el mismo texto, a todos nuestros registros telefónicos que están en la agenda del celular, totalmente frio, sin un verdadero sentimiento de felicidad o buenos deseos, sin sentido humano, sin amor, sin la verdadera sensibilidad o sinceridad que representaría o significaría ver al amigo, pariente o ser querido en persona, estrechar su mano o darle un abrazo y decirle un te quiero sincero, no importa que fuese un minuto y que nunca te mande un solo correo por el celular.

Cuántas madres consideran de cache o de posición social que sus hijos que apenas están aprendiendo a leer y escribir tengan celular y dependan de él, como si fuese el mismo aire que les conserva la vida, cuantos jóvenes regresan kilómetros a sus hogares cuando se dan cuenta que olvidaron el celular y cuántos empresarios o profesionistas están sin poner atención en la reunión porque saben que olvidaron el celular en casa.

Qué poco gratificante es observar a los legisladores “escuchando y analizando” lo que el compañero expone en tribuna mientras están recibiendo y haciendo llamadas sin importarles los resultados de lo que ahí, en ese momento se discute, me pregunto si algún día van a legislar para que se prohíba que ellos entren con un aparato semejante a la sala de sesiones donde están obligados a poner toda su atención que para eso les pagamos.

Que desmoralizante es ver una familia comiendo en un restaurante y la mitad del tiempo cada uno de los miembros de esa familia lo dedica a chatear o mensajear con su celular y el diálogo familiar prácticamente no exista, donde por causa del celular existe más comunicación entre mesero y cliente que entre comensales.

Qué nivel de riesgo se da en las calles por la irresponsable utilidad del celular de parte de los conductores que no detiene la marcha del auto para recibir o hacer llamadas, pero aun de quienes van escribiendo mensajes mientras “conducen” a alta velocidad y cuando ven un agente de tránsito esconden momentáneamente el aparato pensando en que engañan a ese agente sin darse cuenta que a la muerte nadie la engaña, lamentablemente no sólo ponen en riesgo su integridad sino la de terceros que sin culpa alguna y a veces sin siquiera tener un celular son víctimas de conductores que en su distracción causan un accidente mortal.

Qué común ver en el avión cunado la cabina informa que queda a partir de ese momento prohibido el uso de aparatos celulares y pareciera que invitaron a hacer la última llamada, y la mayoría de los viajantes hace una llamada al familiar del que acaban de despedirse una hora antes, para decirle que están arriba de un avión a punto de despegar como si su interlocutor no supiera que su familiar está viajando.

Qué común se ha vuelto estar hablando con algún ejecutivo, profesionista o político y te dejen con la palabra en la boca para contestar el celular y tener una conversación de 10 minutos y en el peor de los casos, se sale del recinto u oficina y te deja ahí abandonado como si no tuvieras el mismo derecho de quien llamó en ese momento a que respeten tu tiempo en una actitud poco educada pero muy común. Reconozco que también hay casos positivos, quien disculpándose, contesta cortésmente y sin averiguar quien llama, dice lacónicamente, estoy ocupado llama más tarde y te sigue poniendo atención.

Qué triste escuchar conversaciones telefónicas en el celular en lugares públicos, transporte u oficina donde todo mundo sin desearlo escucha, discusiones amorosas, pleitos familiares o desacuerdos empresariales o simplemente diferencias entre amigos, incluso intimidades que a nadie le importan y no se reservan la comunicación ni se retiran para que su conversación tenga la privacidad que exige tan penosa situación, en qué momento perdimos la vergüenza o dejamos de practicar las buenas costumbres y dejamos de aplicar las reglas de urbanidad en la sociedad por culpa del celular.

Ni qué decir de las empresas cada vez más despersonalizadas y frías que contesta una grabación y te tiene los primeros 6 minutos dándote desde la larga bienvenida con la respectiva publicidad y una serie de opciones desesperantes y por más opciones que eliges te propone una nueva gama de opciones y terminas todo confundido presionando el cero para que te atienda un operador y nuevamente una grabación te dice que por el momento todos los operadores están ocupados para finalizar gritando encolerizado punto de la locura QUIERO QUE ME CONTESTE UN HUMANO, POR AMOR DE DIOS.

¿Cuántas historias más podría ejemplificar?, cómo ha cambiado nuestras vidas la comunicación?, lo invito a que pruebe un día sin celular, verá que no pasa nada y servirá para que usted y otros vean la vida con más sentido humano y porque no para que tenga un agradable encuentro con un amigo, ser querido, pariente o cliente de forma personal, seguro estoy que se lo van a agradecer.

Categorías: Ejecutivos BCS Julio 2013

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